Lo que nos han contado:

Muchos hemos visto alguna de las películas basadas en el motín de la Bounty, un precioso navío de la Marina Mercante inglesa, allá en el siglo XVIII. En mi favorita, “Rebelión a bordo”, Marlon Brando encarnaba al segundo teniente Christian Fletcher que, con gran parte de la tripulación, se amotinó en contra del teniente William Bligh interpretado por Trevor Howard. La Bounty en 1787 tenía la misión de navegar hasta Tahití y recoger allí arboles de pan, para transplantarlos luego en las colonias inglesas del caribe y obtener así un alimento barato para los esclavos.

Tres versiones de este tema se han trasladado al cine y en ellas el motín liderado por Fletcher, se justifica por la personalidad intransigente de un oficial al mando y su dureza al aplicar medidas disciplinarias desproporcionadas.

Frente a la insensibilidad de Bligh, la figura de Fletcher se muestra primero como dialogante y más tarde liberadora; El motín, como un acto heroico en defensa de la dignidad de la tripulación.

La verdadera historia:

La investigadora, también inglesa, Caroline Alexander, en su obra ” La Bounty” reconstruye la verdadera historia y pone a cada uno en su sitio.

Resulta que el cinematográficamente insensible, brutal y mala persona teniente Bligh, fue un excelente marino, formado a las ordenes del capitán Cook, peculiarmente preocupado por su tripulación, a la que seleccionaba cuidadosamente y para la que planificaba el adiestramiento, alimentación y descanso que pudiera ayudarle a superar las dificultades a que sometía el mar, a quiénes le retaban en travesías tan largas y arriesgadas.

Por el contrario, el héroe de la película,  el amotinado Fletcher,  era en realidad un señorito inglés, de alta alcurnia pero arruinado, poco acostumbrado a trabajar y que se embarcó en la Bounty por influencias.

Las vida fácil de Tahití y sus delicias, principalmente las de sus bellas mujeres, llevaron a Fletcher y a muchos de los hombres de la Bounty, a preferir quedarse disfrutando de aquellas islas del Pacífico, que volver a tener que cumplir con el deber y en definitiva, trabajar para Su Majestad.

Cuando Bligh ordenó zarpar de nuevo para acabar la misión encomendada, Fletcher encabezó un motín que acabó dejando a su suerte al Capitan y a 18 de sus hombres, en una barca de salvamento, sin apenas víveres.

Caroline Alexander estudió documentación de la época y del proceso que se siguió en su día para esclarecer los hechos. Aunque el juicio sentenció liberar al Capitán Bligh de cualquier responsabilidad y fueron ahorcados los amotinados apresados por la justicia inglesa, para mantener su buen nombre, la familia de Fletcher construyó un relato falso de los hechos que fue calando poco a poco en la sociedad y que acabó transformado al auténtico héroe en villano.

Reflexión:

En estos tiempos en que los independentistas catalanes justifican su rebelión por la intransigencia democrática del Estado español, la historia de la Bounty me parece una referencia valiosa para todos aquellos que se dejan seducir por mentiras románticas y falsas epopeyas.

La gesta heroica en la historia de la Bounty fue la del Capitan Bligh, que trató de cumplir su misión hasta el final y que tras el motín, consiguió salvar la vida de los 18 hombres a los que Fletcher y sus secuaces habían condenado a una muerte segura.

Ni Puigdemont es Marlon Brando, ni España hoy es una dictadura.

¡Qué no nos cuenten películas!

Enrique Díaz Moreno