Para mí, ser competitivo es una actitud derivada del sentido de supervivencia, que se reactiva cuando en determinadas circunstancias sentimos que se nos pone a prueba y que se potencia en la misma medida en que estimamos que superar el reto nos afianzará ante el resto del grupo al que pertenecemos.

Desde niños deseamos sentirnos queridos, integrados, admirados por nuestro entorno más próximo: generalmente la familia.

Destacar en alguna actividad de la escuela, sea artística o de juegos, se transforma en motivo de satisfacción personal para el niño porque percibe que en su entorno más próximo, su familia, sobresalir supone un motivo de orgullo y se  traduce en premios y comentarios que elevan la autoestima, asientan su personalidad y le hacen sentirse mejor y más respetado ante los padres, hermanos…..

En la adolescencia, aparecen nuevos grupos de referencia y los que somos padres sabemos que los amigos, la pandilla o el club,….pueden llegar a ser más influyentes sobre la persona que la familia. Cada nuevo grupo ofrece oportunidades en los que destacar compitiendo y el joven tiene que empezar a seleccionar en qué y cómo ganarse el respeto de sus amigos, colegas,…..

Este mecanismo se va complicando con la edad, hasta llegar al momento en que tenemos que empezar a “sacarnos las castañas del fuego” en el ambito laboral.

En cierto modo, llegado ese momento,  competimos entre individuos para poder competir entre grupos, lo mismo que en fútbol un extremo compite con otros extremos para poder estar en el equipo y con él, poder competir con otros equipos para llegar a lo más alto.

Los grupos de referencia ejercen una gran influencia sobre el individuo a la hora de seleccionar una disciplina, un tipo de profesión, o una actividad en la que competir, y la intensidad con que se vuelque en prepararse para la competición, será función de la importancia que para él tiene cada uno de esos grupos. Así cuando la persona decide crear una familia, ésta le influirá decisivamente para actuar competitivamente allí dónde tenga más probabilidades de asegurar el futuro de los suyos.

Desgraciadamente, el mecanismo es el mismo cuando el grupo de referencia para el individuo tiene intereses oscuros o reprobables y todos conocemos cómo funcionan las cosas en los entornos mafiosos. También en estos ambientes dentro de cada ” familia “, cada miembro compite por ganarse el respeto de sus miembros actuando de la manera que considera que le hace más fuerte o más temido y cada “familia”, compite por hacerse con el control absoluto de un mercado, un territorio…..

Por tanto competir en si mismo es neutro desde el punto de vista ético, otra cuestión es para qué competimos, como lo hacemos con quién nos aliamos……

En este sentido las preguntas que deberíamos hacernos para discernir si hacemos lo correcto a la hora de competir son las siguientes:

¿ Colaboramos a un fin justo ? Esta cuestión es importantísima para determinar si el grupo de referencia que nos atrae y en el que nos gustaría sobresalir, realmente persigue un fin saludable éticamente y por tanto, colaborar con él no nos transforma automáticamente en cómplices de alguna injusticia.

¿ Utilizamos los medios adecuados para competir limpiamente? Un buen fin no justifica cualquier medio. Jugar limpio garantiza tener la seguridad de que el triunfo será merecido y es la base del respeto entre competidores. Así es más fácil saber ganar y saber perder, porque de esta manera el aprendizaje para mejorar es colectivo y la sociedad avanza. Todos los competidores y la sociedad también sabe que cuando el juego es limpio , el camino elegido por el vencedor es el camino real y eso queda para todos.

¿ Aporto lo mejor de mi mismo? Además del fin y de los medios, a nivel personal debemos de preguntarnos si hago lo que puedo y me preparo lo debido para estar al máximo nivel que se precisa para competir con los mejores. No se trata sólo de ganar una oposición, llegar a ser fijo en una empresa, o dar como directivo unos buenos resultados. ¿Damos lo mejor de nosotros mismo para que nuestro equipo, nuestra empresa, nuestra región……pueda competir entre los mejores ?.

Volveré sobre este tema porque me parece crítico. Cuando optamos por la competitividad como fórmula de desarrollo, tenemos que asegurarnos que los límites están el las normas del juego limpio, no vale todo para ser competitivo.

Haciéndolo de una manera justa y solidaria, nuestro instinto de supervivencia nos servirá de manera colectiva para evolucionar  hacia una sociedad mejor, más respetada y a nivel individual ser más felices.

Saludos,

EDM